El año 2020 cambió sin duda nuestra forma de ver la vida.
La pandemia causó estragos y hay un antes y un después, que también se aprecia en el mercado inmobiliario.
La sensación de estar encerrados, sin poder salir de nuestras casas, nos ha cambiado la forma de valorar las viviendas y hoy en dia el poder disfrutar de terrazas, balcones o vistas bonitas se ha convertido en uno de los requisitos más demandados y valorados.
La angustia de aquellos tristes días se ha traducido en la necesidad de adquirir viviendas que tengan una zona de solarium, esparcimiento o recreo, un espacio desde el que mirar al cielo.
Necesitamos sentirnos más libres, no enclaustrados en nuestra propia casa.
Se valoran más las vivendas que tienen ese pequeño rincón en el que disfrutar del aire y del sol.
Obviamente, esto a veces encarece el precio de la vivienda, pero la angustia y desesperación de los dias de confinamiento, nos hacen valorar más esos espacios que nos permitan respirar y sentirnos más libres.
Las terrazas, jardines y solarium se han hecho imprescindibles, a veces incluso se prefieren a otras mejoras en la vivienda.
Y es que en aquellos amargos meses descubrimos lo importante que es tener una casa amplia y acogedora, que nos de refugio pero que no nos aprisione.
Ojalá todos pudieran tener un espacio en el que disfrutar de unas bonitas vistas.
Sobrevivimos a aquello,aunque muchos se quedaron en el camino.
Nuestras casas se convirtieron a la vez en nuestros refugios y nuestras prisiones, por eso ahora ha aumentado la demanda de viviendas que tengan un rincón de libertad.
La calidad de vida es sin duda mucho mayor en un inmueble que nos conecte con el exterior,con la naturaleza y algo que antes era un lujo, hoy es una necesidad.
Una habitación con vistas para poder observar lo que nos rodea,para cuidar de nuestras plantas y tomar el sol...para sentirnos libres...pero en casa.
Renacer. Hace dos años inicié un camino nuevo. Hace dos años desplegué mis alas y emprendí el vuelo, y aquí sigo, planeando, buscando, cogiendo velocidad y batiendo mis alas. Dos años después parece que han sido muchos más, reinventarse y construirse una nueva vida pasados los 50 no es tarea fácil, pero a pesar del miedo y la angustia iniciales, empiezo a sentirme cómoda viendo el mundo desde mi nuevo cielo. Es duro coger el timón de tu vida, duro y apasionante. Estaba perdida, desubicada, vencida, pero supe rodearme de gente muy valiosa que me enseñó a volar...y aquí sigo, aprendiendo a vivir la vida tomando mis propias decisiones y trabajando mucho, estudiando mucho, luchando mucho y a veces también, disfrutando mucho de verme crecer, transformarme, evolucionar, pasar de oruga a mariposa, en un recorrido lleno de retos y desafíos, a veces angustioso y a veces muy motivador. Soy una mujer que en la madurez de su vida, cuando parecía que ya estaba todo hecho, ha decidido ser lo ...
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